Los proyectos hegemónicos no sólo procuran los cambios del presente sino también la mudanza del pasado. Ejemplos procedentes de conmociones como la revolución francesa, soviética, china y cubana ilustran sobre el interés de modificar la memoria colectiva como refuerzo de la dominación que se quiere remachar. En cada una de ellas no sólo se llegó al predicamento de cambiar el rol de los protagonistas de antaño para convertirlos en otra cosa, sino también a borrarlos de las reminiscencias populares mediante su desaparición de los libros de texto, del contenido de los documentos y aún de las imágenes que daban cuenta de su paso. En cada una de ellas se cambió en términos enfáticos la explicación de los rasgos de las épocas anteriores, hasta el punto de convertirlas en lo que no podían ser en atención a impedimentos cronológicos, es decir, a las ataduras fatales del calendario cuya tiranía habitualmente impide que los hombres y sus hechos sean asuntos diversos antes de tiempo. En la generalidad de los casos mencionados el dictado de una nueva historia desde las alturas obedeció a una idea general que se tenía sobre la marcha de cada sociedad, y a la influencia de una teoría de alcance panorámico que debía determinar el estudio de los antecedentes mientras el presente cambiaba. Pese a que tales conmociones, sin excepción, llegaron a excesos monstruosos en la reconstrucción de los fenómenos desaparecidos y en la calificación de sus autores, contaban con una referencia ideológica en la cual podían encontrar soporte para un análisis digno de atención. Una clave universal hecha en el futuro proveía las respuestas sobre los sucesos anteriores y podía ofrecer bibliotecas enteras de literatura "pertinente". Sólo era cuestión de que se acoplaran ellos a la receta fabricada más adelante por los teóricos, cuyas producciones se seguían como escritura sagrada. La coyunda conduce a una versión unilateral de los procesos y a un juicio maniqueo sobre sus criaturas que no admite justificación, que carece en absoluto de fundamento luego del avance adquirido por las ciencias sociales, pero parece una manipulación inocente cuando se compara con las lecturas de la historia cuyo origen se encuentra en los intereses de un hombre fuerte o en la vanidad de un mandón. Entonces la explicación se hace caprichosa hasta llegar a extremos de calamidad, hasta el punto de ofrecer a sus destinatarios un caudal de alardes mezclado con estupideces y lugares comunes que puede ser devastador. En Venezuela no han faltado los modelos de esa historia hecha a la medida del mandón de turno, perlas de vergüenza y chatura que no han desaparecido con el correr del tiempo. Se trata de exámenes que no dependen de un bagaje de ideas, o que supeditan las ideas a las pretensiones de un César para que los hechos del pasado terminen sirviéndole una espléndida mesa en la que come a gusto con sus contemporáneos. Como los plumarios lo han convertido en eje de todo lo que pasó en el país hasta su ascenso al poder, puede disfrutar a sus anchas el banquete del dominio personal. Los casos de Guzmán y Gómez son elocuentes. Las exploraciones del pasado parten entonces de un entendimiento liberal de la república, pero degeneran en una apología que hace depender la evolución de los sucesos de una voluntad personal que los resume. Los historiadores de tales épocas colocan al Ilustre Americano y al Benemérito como el resultado de unas leyes sociales gracias a las cuales encuentra la sociedad una desembocadura positiva. La dependencia conduce al encomio exagerado de las cualidades de los gobernantes, pero también a la obligación de presentar los anales patrios según considere el individuo que tiene la sartén por el mango. ¿Quién mejor que don Antonio y don Juan Vicente, capaces de convertirse en encarnación de una anhelada cúspide, para ordenar la reconstrucción de la memoria que debe guiar a los gobernados para que no caigan en los extravíos del pensamiento crítico? Esas historias convirtieron en honrado al ladrón e hicieron un genio de un idiota. ¿Qué pasará ahora, cuando se prepara una historia de acuerdo con las necesidades del teniente coronel? Si ponemos en la balanza la carencia de ideas que distingue al "proceso" junto con la fatuidad del líder supremo, podemos esperar consecuencias pavorosas en materia de explicaciones vacías. No será la historia según el liberalismo, ni según el marxismo, ni siquiera según Gómez porque el taimado andino a veces tenía conciencia de sus limitaciones de sujeto ordinario. Se parecerá más bien a la historia según Guzmán, con una diferencia notoria: como el adalid de ninguna batalla no calza las botas del vencedor de Curureche y Quebrada Seca, será mucho lo que tendrán que falsificar sus plumarios. Terrible encomienda para los herodotos del chavismo, pero también para sus lectores.
21:42:33 . 02 Oct 2008
Sindicación
09/09/2008 @ 08:40:39
por morillo i Tauler,Manolita
¿Actualmente Venezuela posee políticas de frontera? ...
01/08/2008 @ 22:40:08
por Ricciardelli