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    Analisis critico
                En su carácter de Jefe Superior, Civil y Militar de Venezuela, el 26 de octubre de 1829 José Antonio Páez Llama a Cuarenta y cuatro personas. La ruptura con Colombia, que ya se aproxima, necesita apoyos importantes. Sin embargo, en esta oportunidad el general no procura a los hombres de armas. “invito y convoco a la casa de mi morada”, dice, a señores residenciados en Caracas que observan “buena conducta, con oficio y ejercicio decente conocido”[1]. Es agrega luego, una solicitud a los talentos de la capital para que estudien los problemas materiales y sugieran soluciones del caso. A poco los convidados se juntan en la capilla universitaria y terminan fundando la Sociedad Económica de Amigos del País, cuyo objeto es la promoción “de la agricultura del comercio, de las artes, oficios, población e instrucción”[2] .             

     
    La situación es entonces muy difícil. De acuerdo con un informe suscrito por el ministro José Rafael Revenga en mayo de 1829, reinan la miseria y el hambre, la agricultura está “desalentada”, el comercio interior es apenas un “simulacro” y el régimen carece de capitales susceptibles de reanimar la actividad económica. Ni siquiera puede recaudar las rentas
    [3] . Según confirma Miguel Peña, quien ejerce la Secretaría del interior en 1830, no hay caminos, no hay mano de obra ni intercambio significativo de productos. Aquí “todo está casi en embrión”, asegura[4]. Ante el precario panorama, la fundación del nuevo Estado no puede confinarse al ejercicio de los soldados, ni a la retórica de los políticos que promueven la segregación.
                

    Hacen falta los señores “con oficio y ejercicio decente y conocido” es decir, los notables. Son los dueños de la tierra, de las esclavitudes y de los comercios, los catedráticos y los licenciados de la universidad, los que tienen bibliotecas e imprentas. Su reunión en la Sociedad Económica de Amigos resume la esencia del proceso que va a ocurrir a continuación. Porque cuando se precisa construir al país después de una guerra devastadora, no basta la fuerza  del Jefe Superior. Los factores en juego indican cómo ellos pueden ofrecer, además de su ilustración, el interés de poner en marcha una comarca en que están asentadas sus propiedades y donde pueden controlar, como herederos de la obra de los próceres, los empleos más elevados. El dueño de las armas y los dueños del territorio, deben marcar el compás de las circunstancias.
                

    Al principio se consideran como los habitantes principales de una misma casa en ruinas, cuyos cimientos deben apuntalar al unísono. En consecuencia, hacen un solo frente para el trabajo de arquitectura. Pero poco a poco el trazado de los planos los distancia, hasta el punto de trasformar la empresa en una contienda. Dejan de ser hombres decentes y conocidos que calculan  un mismo negocio, para convertirse en defensores de resortes específicos por cuyo servicio deben construir tienda aparte. Así el ciclo que se estrena con el gobierno morigerado de Páez y la gente de calidad (1830-1835), concluye doce años después en gritos de sangre y en la búsqueda de un hombre de presa que restablezca el orden por el camino del autoritarismo.
                

    Todavía permanecen unidos cuando los capitanes de la Independencia se levantan contra uno de los suyos, José María Vargas, en Julio de 1835. No obstante, cuando los proyectos que han pergeñado cuajan en medidas susceptibles de muda el juego de la economía y de traducir la existencia de actitudes parciales en el Ejecutivo, concluye  la hermandad original. Con Páez otra vez e el poder (1839-1843) y durante la gestión de Carlos Soublette (1843-1847), mientras coincide la materialización del pensamiento con una severa crisis económica, ocurre el divorcio de los notables. Entonces el enfrenamiento obliga a llamar a José Tadeo Monagas, quien va a cerrar el ciclo por la fuerza sin atender a las líneas matrices del ensayo. Bajo el control de Monagas se entierra la intención común de la cúpula y arranca un régimen de signo adverso. 
                

    Entre 1830 y 1847, pues, se desploma el empeño de fabricar un sistema de gobierno capaz de hacer una nueva Venezuela mediante el buen juicio de un puñado de individuos. El puñado de individuos pierde el buen juicio cuando advierte extraños en su mismo cenáculo, más igualmente cuando nuevos protagonistas ajenos su clase quieren participar en la obra. Este escrito pretende aproximarse al fenómeno desde el prisma de la historia de las ideas, insistiendo sólo en el análisis de los argumentos pensados y divulgados por los representantes de ese exclusivo sector.
                

    Quizá jamás se reflexione tanto sobre el destino de Venezuela como entonces, ni se debata con tanta entereza sobre los asuntos de la política y la economía. Florecen los periódicos con redactores solventes y polemistas de insólita calidad. Los pequeños talleres de imprenta disparan los plomos sin temor al gobierna. A su vez, e gobierno reacciona mediante un elenco de excelentes escritores. La deliberación responde a motivaciones que no se ocultan y las teorías sobre la sociedad reflejan una lectura laboriosa, en la forja de uno de los capítulos más fructíferos de nuestra vida intelectual y cívica. Capítulo realmente excepcional, se te coteja con la opacidad de campañas posteriores.
                

    Por consiguiente, un historiador de las ideas y de las mentalidades encuentra en el proceso un filón colmado de posibilidades. Pero, a la vez, un conjunto abrumador de ventas. Hay demasiados objetos de estudio en su interior: leyes, discursos, debate periodístico, proyectos de reforma institucional, teorías sociales d, biografías, intentos de novela, libros de historia y libros de geografía…. En suma, multitud de fuentes que trasmiten planteamientos heterogéneos en forma sucesiva. Por si fuera poco, el pueblo se incorpora a los negocios públicos y comienza también a divulgar ideas a través de algunos papeles y numerosas actitudes. El copioso repertorio de materiales sugiere, entonces, la alternativa de una investigación cuya orientación se reduzca al examen de un solo conjunto de evidencias: aquéllas que reflejen las tendencias medulares del grupo de notables. Tal es la vía escogida para nuestro rastreo.
               

    No se estudian aquí, por lo tanto, todo tipo de ideas de todo tipo de hombres, como sugiere el maestro José Gaos, sino apenas aquellas susceptibles de mostrar las características  del fenómeno en el circulo de quienes dirigen los primeros pasos de Venezuela. Y sólo se examinan en función de distinguir los rasgos comunes, sin profundizar en el análisis  monográfico de la obra de cada uno de los personajes. La exposición de la concepción del mundo y de la historia universal que cada sujeto expresante pudo tener, no se aborda como tal. Asimismo, el acercamiento a los cambios de mentalidad se realiza a través del parecer de la clase dirigente, sin apoyo en testimonios propiamente populares. 
                

    Además de las razones metodológicas y técnicas, el mismo rol de los notables sirve de fundamento a la manera de abordar el tema. Ellos dirigen el proceso, lo regulan y modifican. Históricamente son los gestores de la autonomía nacional más también los responsables de lo que ocurrirá después. En sus intereses, sus alarmas y sus restricciones, se encuentra la clave para leer los acontecimientos posteriores. En consecuencia, no resulta desatinado el tomarlos como núcleo en términos exclusivos. Más aún cuando conviene una revisión de los sucesos, con el objeto de construir una versión ajustada de la verdad.
                

    La historiografía de mayor lectorio, al referirse a la época, habla de una combinación de protagonistas integrada por patriarcas severos y letrados díscolos.  Los primeros pretenden realizar con ponderación su trabajo de crear una nueva patria, pero los otros les trastornan el empeño, dice. Unos piensan buenamente en el futuro, mientras ciertos alborotadores procuran pescar en río revuelto. De allí el nacimiento de dos oligarquías con óptica distintas sobre las cuestiones de mayor entidad. Aquí se manejan otras alternativas de análisis, cuyo último propósito es mitivar un acercamiento diferente hacia el siglo XIX. 
                             

    A pesar de su proximidad y trascendencia, el siglo XIX carece de estudios satisfactorios. Se le sigue juzgando como lapso de la disgregación,  como un “cuero seco” en que imperan los gamonales y sus plumarios. A través de stas páginas se puede llegar a conclusiones de otra naturaleza, Ojala que no sólo inciten hacia nuevos retos de conocimientos, sino que, por contraste, reflejen la redonda medianía de nuestra política contemporánea. 
     


    [1] “Decreto del Jefe Superior, Civil y Militar de Venezuela”, Caracas, 26 de octubre de 1829, Sociedad Económica de Amigos del País, Tomo I, pp,. 5-8

    [2] Ibídem, pp. 8-9, ss.

    [3] “Informe de Jose Rafael Revenga al honorable señor Presidente del Consejo de Ministros, Caracas, 5 mayo de 1829. La Hacienda Publica de Venezuela en 1828-1830. Caracas, Banco Central de Venezuela, 1953, pp. 94, ss.

    [4] Acatas del Congreso Constituyente de 1830, Tomo I, pp. 84-85

    14:35:56 . 26 Jul 2008
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    http://thehistory.blog-gratuitos.com/Primer-blog-b1/Analisis-critico-b1-p4.htm

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